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Paisajes de la memoria

de Norberto Puzzolo

Paisajes de la memoria

de Norberto Puzzolo

Compartimos en esta ocasión una selección de imágenes de obras de Norberto Puzzolo que formaron parte de la exposición Paisajes de la memoria, llevada a cabo en la Sala PAyS entre marzo y mayo de 2013 con curaduría de Adriana Lauria.

Desde sus inicios en su Rosario natal en los años 60, la obra de Puzzolo evidenció una preocupación cada vez más pronunciada por ampliar los límites de aquello considerado como artístico; por mover al espectador del cómodo lugar de observador pasivo; por sacar al arte del circuito cerrado de las instituciones artísticas oficiales. 

Es así que, siguiendo este mismo ideario, formó parte del Grupo de Arte de Vanguardia, agrupación de artistas que buscó renovar el campo de acción de la plástica y la cultura del momento. Con el transcurso del tiempo, el desarrollo de sus obras, acciones y discusiones, el grupo fue radicalizando sus planteos, buscando no sólo renovar el campo de la plástica, sino lograr, a través de la acción artística, una profunda transformación de las estructuras de la sociedad.

En 1968 un grupo de artistas de Rosario y Buenos Aires —entre lxs que se encontraba Puzzolo— acompañadxs por un equipo de investigadorxs y periodistas, llevó a cabo la obra colectiva Tucumán arde. El propósito fue la realización de una campaña de contrainformación para denunciar las duras condiciones de vida de lxs trabajadorxs de los ingenios azucareros de Tucumán durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Ese mismo año, Puzzolo presentó, dentro del denominado Ciclo de Arte Experimental, una instalación que hoy es conocida como “la obra de las sillas”. En ella se conjugaron una serie de factores que el artista venía trabajando en obras anteriores: en el espacio expositivo Puzzolo dispuso una serie de sillas plegables orientadas hacia la vidriera que daba a la calle. Las personas que concurrieron a la inauguración se sentaron en esas sillas, sin saber qué era lo que iba a suceder. Pero la obra justamente era esa: lxs espectadorxs fueron corridxs de su lugar habitual de observadorxs distantes y pasivxs para ser ellxs mismxs vistxs como objetos exhibidos, generando así un diálogo entre el espacio del arte y el espacio urbano. La localización de la instalación en este caso también resultaba significativa: frente al espacio de exposición se encontraba el bar Iberia, lugar de reunión habitual de la intelectualidad rosarina. 

Ahora bien, ¿por qué la exposición se tituló Paisajes de la memoria? ¿Acaso la memoria está compuesta de capas de sentido y temporalidades que se van entremezclando entre sí? La icónica instalación de las sillas —que desmaterializó la obra de arte tornándola concepto— incidentalmente capturó también en las imágenes que la registraron un sitio importante para la intelectualidad rosarina como fue el bar Iberia. Ese mismo bar, en 1974, fue baleado en un atentado y fue el propio Puzzolo quien, en su rol de reportero gráfico, capturó con su cámara las huellas de la vidriera perforada por los disparos. 

Así, en la obra de Puzzolo varias capas de sentido se superponen y la cita a su propia producción anterior funciona como estrategia: en la serie Paisajes residuales (2012) nos encontramos con las mismas sillas que utilizó en su instalación de 1968, solo que aquí las sillas están vacías y ubicadas en entornos naturales, solas en la inmensidad, como signos de una imborrable ausencia.

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