LUCHA DE CALLES, Imágenes y Relatos a 50 años del Cordobazo

PARQUE DE LA MEMORIA

22.03.19 - 09.06.19 / Sala PAyS

A 50 años de una de las revueltas populares más reivindicadas de nuestra historia, esta exposición problematiza este hecho histórico a través de las potencialidades semánticas que brindan los materiales de archivo y las posibilidades poéticas que habilita el arte contemporáneo.

¿Qué queda hoy de la potencia insurrecta de aquella revuelta que reunió a obrerxs, estudiantxs y vecinxs en un mismo reclamo? ¿Qué gestos y qué formas configuraron la rebelión ante el peso agobiante de la represión y el avasallamiento de los derechos? ¿Cómo narrar ese entramado sin perder de vista el sentido que agrega el paso del tiempo? 

Así, revisitamos un hito de la historia argentina reciente a través de la puesta en diálogo de diversos materiales documentales con obras de Fernando Allievi, Hugo Aveta, Marcelo Brodsky, Lucas Di Pascuale, Tomás Espina, Enrique Ježik, Julia Mensch y RES.

Atendiendo al rigor histórico y en un ejercicio colectivo, partimos de ciertos ejes que permiten diagramar relaciones e iluminar zonas que, de algún modo, reconfiguran aquel escenario a la vez que lo traen al presente, en una suerte de palimpsesto que aporta nuevas capas de sentido. Asimismo, esta exposición refuerza la decisión tomada por los Organismos de Derechos Humanos de iniciar la nómina del Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado en el año 1969, con los nombres de las víctimas del Cordobazo y los sucesivos levantamientos populares ocurridos en el resto del país.

El Cordobazo funciona en el imaginario político argentino como un ícono de las rebeliones populares. Los acontecimientos ocurridos el 29 y 30 de mayo fueron retratados infinidad de veces por reporterxs gráficos y camarógrafxs que también oficiaron de testigos. Tanto RES como Allievi se apropian de estas imágenes no ya para certificar la realidad de los hechos sino para inaugurar con esta acción nuevas lecturas desde nuestro presente.

Frente a las imágenes violentas de barricadas y autos quemados, la historia construye una épica casi mítica en torno a la singular confluencia de la organización obrera y estudiantil. Las obras de Aveta y Espina oscilan en esta dialéctica que se mueve entre lo violento y lo heroico. Por su parte, los trabajos de Brodsky y Di Pascuale funcionan como contrapunto entre lo colectivo y lo individual. Ambas propuestas, de distintas formas, aluden al contexto internacional y local atravesado por aquella utopía política.

Ningún acontecimiento histórico queda fijado en su origen, cada vez que se lo evoca es actualizado e inscripto en un nuevo contexto. En esta clave, las obras de Mensch y Ježik toman frases de diversas procedencias, recuperando sentidos que se actualizan por fuera de su contexto original.

Situarnos frente a la épica de una sublevación popular que permanece en la memoria como un hito de resistencia y participación colectiva permite repensar críticamente nuestro presente, formular preguntas y articular reclamos que quizás puedan tomar cuerpo y fortalecerse así como un nuevo acto político.

María Alejandra Gatti – Cecilia Nisembaum

UN INSTANTE DE VICTORIA

Los manifestantes ocupan el centro de la calle. La policía montada avanza contra ellos, van a la carga. Los recibe una lluvia de piedras y otros proyectiles. Entonces frenan, dan la vuelta y se retiran. Volverán, pero ha quedado filmado un instante de victoria, un golpe a Goliat. Esos segundos, en un blanco y negro sin demasiada nitidez, se convirtieron en las imágenes canónicas del Cordobazo.

Y es que la gran pueblada que inició el 29 de mayo de 1969 suele recordarse como un triunfo popular. Una fecha que puede ser reivindicada por variados grupos: distintas corrientes de la izquierda, el peronismo, sectores del radicalismo, el “progresismo” alejado de los anteriores, los sindicatos, los grupos católicos que proponen una “opción por los pobres”, y más. La multitudinaria movilización contra la dictadura del general Onganía por parte de obreros, estudiantes y otros hombres y mujeres de la ciudad de Córdoba –transformada, después del fracaso de la primera represión, en una rebelión popular que controló efímeramente el espacio urbano– generó y genera muchas simpatías.

Al Cordobazo nos podemos acercar de distintas maneras. Si analizamos la coyuntura, lo vemos como el resultado de una oposición general al ajuste económico y al autoritarismo de la “Revolución Argentina” –instaurada mediante un golpe militar en junio de 1966– y de las circunstancias propias de Córdoba. Allí el movimiento obrero era fuerte, el movimiento estudiantil especialmente activo y se había celebrado un año antes el “Primer encuentro nacional de sacerdotes para el tercer mundo”. En 1969, el descontento de los trabajadores metalúrgicos, de industria automotriz, de Luz y Fuerza y del sindicato de transporte fue en aumento por cuestiones de cada sector, y también a causa de la política nacional, propició una huelga. La confluencia de tres dirigentes sindicales dio inicio al Cordobazo: Elpidio Torres, Atilio López (peronistas) y Agustín Tosco (afiliado en la izquierda).

Al ampliar la escala geográfica, notamos que entre 1968 y 1969 tuvieron lugar el “Mayo Francés”, las sentadas contra la guerra de Vietnam en EEUU, la “Primavera de Praga” en el bloque comunista y la matanza de Tlatelolco en México. También ocurrieron manifestaciones masivas en Montevideo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Bogotá, Londres, Madrid, Milán, Roma, Belgrado, Dakar, Melbourne, entre otras. De este modo, el Cordobazo integró una serie de importantes movimientos de protesta protagonizados por jóvenes y estudiantes, y en algunos casos también por trabajadores, que excedieron las fronteras. Y si lo que agrandamos es la escala temporal, los sucesos de Córdoba se ubican en una tradición de participación popular que desde el siglo XIX fue clave en la política argentina.

El Cordobazo tuvo consecuencias destacadas. Aunque el ejército recuperó el control de la ciudad y los principales líderes fueron encarcelados, el movimiento anunció el fracaso del proyecto de la dictadura para redefinir las reglas. Junto con otras puebladas, otros “azos” argentinos, marcó el rumbo de la resistencia popular y fue el punto de partida de una radicalización política y social de grandes proporciones.

Muy pronto se convirtió en un mito. Para quienes lo vivieron fue una referencia. Para quienes nacimos después, uno de esos momentos con aura, cuando la realidad se pone en cuestión, cuando la acción humana parece poderlo todo. Si bien no estuvo exento de tragedia –la muerte del obrero Máximo Mena por un disparo policial significó el primer mártir–, y tal vez a causa del vértigo de los hechos en los años siguientes, el Cordobazo quedó en cierta medida separado de la posterior lucha armada, de la espiral de violencia y del terrorismo de Estado. Quedó situado antes del miedo, antes de la masacre, y su estela resulta más sonriente en la memoria.

Medio siglo es mucho tiempo. Poco parece quedar en Córdoba de aquella Córdoba. Nuestra Argentina es sin dudas muy diferente a la de 1969. Este año habrá muchas conmemoraciones y de seguro esos contrastes se verán remarcados. Pero el Cordobazo no es solo un momento del pasado. Es un mito que sigue, y seguirá estando ahí, como esperanza.

Gabriel Di Meglio

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