Torres de la Memoria

Norberto Gómez

Acero corten, 7,74 x 3,68 m
1999-2012 

Esta obra forma parte de la serie Las Armas realizada por el artista a mediados de los `80, compuesta por piezas que representan diversos instrumentos de tortura o dispositivos medievales de combate. El artista acude a la imagen de una maza medieval de grandes dimensiones para aludir a la condición inmensamente vulnerable de la existencia como así también a la tortura ejercida durante las recientes dictaduras y a los símbolos del poder que anidan en toda la sociedad. De esta manera, la dinstancia histórica que la pieza establece, abre la posibilidad de trascender la época medieval para reflexionar acerca de la violencia y el abuso de poder en la actualidad.

Norberto Gómez (Buenos Aires, Argentina, 1941-2021).

Norberto Gómez nació en Buenos Aires, Argentina, el 2 de marzo de 1941 y falleció el 20 de julio del 2021 en la misma ciudad. Hijo de una familia de inmigrantes españoles, de niño recibió la influencia de su padre ebanista y de su tío, luthier y guitarrista clásico. A los trece años ingresó en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano donde permaneció sólo dos años, disconforme con los métodos de enseñanza formal. Su más genuina formación técnica fue un taller de cartelería donde realizaba las grandes marquesinas de los cines de los años 60 y 70 y, más adelante, como realizador de escenografías para el cine publicitario.
En sus comienzos se inclinó más por la pintura y frecuentaba los talleres de Juan Carlos Castagnino en la calle Defensa. En 1965 viajó a Europa y, en París, trabajó con Julio Le Parc, asistiéndolo en la realización de sus obras cinéticas para la Bienal de Venecia. En ese mismo viaje asistió a Antonio Berni en la tirada de sus grabados dedicados a Ramona Montiel.
Luego de dos años de permanencia en Europa regresó al país y comenzó a producir obras de corte geométrico y minimalista, ligadas al concepto de “estructuras primarias”, pero en su caso éstas denotaban un cierto proceso de transformación. Al tratar las mutaciones del plano al volumen, requería por parte del espectador una observación mentalmente participativa, para completar los breves datos ofrecidos por los objetos. Una de estas piezas le valió el Premio De Ridder en 1976. Unos años después, hacia fines de los años ’70, Gómez se inclinó hacia el realismo que caracterizó el arte de la década. Sus formas se fueron ablandando y derritiendo, dando lugar a las tripas y osamentas trabajadas en resina polyester. Su producción en los años ’80 puso en escena seres monstruosos, mutilados y descarnados. Más allá de las consabidas motivaciones existenciales, este conjunto también aludía a la fragilidad del cuerpo en una época de torturas, desapariciones y muertes, desatada por el terrorismo de Estado. En 1982 recibió el premio de la Asociación Argentina de Críticos de Arte al Artista del Año.
La arquitectura, presente en la escultura de Gómez de una manera u otra, fue protagonista excluyente de un conjunto de piezas realizadas entre 1983 y 1995. En el año 2016 el Museo Nacional de Bellas Artes organizó una exposición retrospectiva de sus obras.
Realizó muestras individuales en el Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno, Galería Ruth Benzacar, CAyC, Fundación Osde, Museo Sívori, Museo Caraffa de Córdoba y Museo Juan B. Castagnino de Rosario, entre otros y participó de innumerables exposiciones colectivas en el país y el exterior. Entre los numerosas distinciones que le fueron otorgadas, recibió la beca Guggenheim en 1992, el Premio Leonardo a la Trayectoria del Museo Nacional de Bellas Artes en 2002, el Premio a la Trayectoria Artística del Fondo Nacional de las Artes en 2006 y el premio Konex de Platino en 2012.
Su obra integra colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, del Museo Sívori, del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO), entre otras destacadas instituciones.